Autor Tema: Cartas a un maltratador  (Leído 5411 veces)

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Cartas a un maltratador
« en: Octubre 22, 2010, 18:06:12 pm »
Desde el centro municipal de información a la mujer nos envian las bases del concurso literario "cartas a un maltratador":


« Última modificación: Octubre 18, 2011, 15:18:20 pm por Parlamento »
Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida, hacerte perder tiempo,buen humor,apetito, y todo esto sin malicia,sin remordimientos y sin razón. Estupidamente

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Re: Cartas a un maltratador
« Respuesta #1 en: Diciembre 20, 2010, 16:06:47 pm »
Relatos ganadores del concurso literario "cartas a un maltratador"

PRIMERA MODALIDAD: ALUMNADO INSTITUTO

SEGUNDO PREMIO: ELENA PIMENTEL DE MAQUA

El camino de la vida

Ahora es cuando tengo valor para escribir estas líneas, hablar sobre esta pesadilla por la que ya no derramare ninguna lágrima más, sin sentir culpabilidad ni temor
porque todo terminó y jamás permitiré que se vuelva a repetir.

Todo comenzó como suele florecer cualquier relación en la que todo parece andar sobre ruedas, sin problemas, sin preocupaciones y en nuestro caso sin miedo al compromiso. Éramos muy jóvenes, ambos teníamos trabajos, que considerábamos algo relativamente estables y quise confiar en ti…

Todos mis allegados me preguntaban-¿Pero estas segura de que quieres formar una familia con él?, ¿no sois muy jóvenes?, ¿no lleváis muy poco tiempo?...Pero no quise escuchar, me dejé llevar por los impulsos del corazón, estaba segura de lo que era el matrimonio -estar junto a la persona a la que amas- , y el amor ¿Qué es ese extraño sentimiento? En aquel entonces lo considere indescriptible, algo único, que creí que sentía por ti, así pasó lo que pasó.

Pero cuanta razón tenían esas personas que de verdad me quieren y se preocupan por mí, esos interrogatorios que ni siquiera me paré a pensarlos detenidamente desde un punto de vista objetivo, pero no, de nada sirvió, solo tenía oídos para ti. Aquella inmadurez e irresponsabilidad eran la clave para haber podido evitar lo ocurrido.

Nos casamos y al principio parecíamos ser una sola persona, tomábamos decisiones juntos, nos separábamos lo menos posible, reíamos, me regalabas pequeños detalles, cada momento era único…Ahí pensé que nuestro matrimonio era lo mejor que me había pasado en la vida, iba perfecto y creí que siempre sería de esta forma, así pasó lo que pasó.

En tan solo tres meses comenzó un cambio progresivo, ya no pasábamos tanto tiempo juntos, y constantemente me decías indirectas juzgando mi forma de vestir, al principio no te hacía mucho caso, hasta que después de un tiempo me lo dijiste claro-¡No pienso permitir que vistas como una adolescente!¿Cuántos años crees que tienes?- Pues no me sentó nada bien que me dijeses eso, pero finalmente cedí, tampoco era plan de crear más problemas, si eso es lo que creías, tal vez un cambio de look, sería lo mejor.

Poco a poco eran mas las pegas que ponías a todo: que si no te gustaban mis amigas, que si no tenía edad para salir con ellas, que la casa estaba muy descuidada…

Mis amigas me decían que ya casi nunca quedábamos y siempre ponía excusas para no salir, así que le conté lo que tu decías, al principio casi ni se lo creían, me decían que debía ser yo la que me pusiese los límites en mi vida, pero yo me limitaba a decirles que ahora tenían que ser ellas las que no se metiesen en mi vida, que entre tu y yo todo iba bien, que sabía lo que decía, pero no lo sabía, ni quise volver a escucharlas.

Ya no me decías algo y yo te solía hacer caso, pasaste a ordenarme algo y yo te obedecía: me obligaste a dejar de hablar con mis amigas y lo hice, a estar por ti todo el día, que no me arreglase tanto…Comenzó un infierno que mis ojos eran incapaces de ver.

Mi mejor momento del día eran las mañanas, que trabajaba en el laboratorio e intentaba quedarme un rato más, así prolongaba el momento de volver a casa. Aquello tampoco te gustaba y decidiste que no podía seguir trabajando en el laboratorio, que yo debía de estar en casa, ocupándome de las tareas domésticas, que así todo sería mejor y podríamos vivir solo de tu sueldo y yo con esa venda en los ojos que no me permitía ver la realidad. Y como no, acepté, una nueva etapa en la que te podía hacer feliz, porque mi felicidad se había quedado atrás hace mucho tiempo y ya no me importaba, así pasó lo que pasó.

En ese momento, nada me quedaba: mis amigas desaparecieron de mi vida, mi familia vivía lejos y tenía poco contacto con ella, mi trabajo lo habías echado a perder, mi personalidad la transformaste, mi libertad se limitaba en una casa donde tampoco existía; ¿que era de mi vida?, eso por lo que pasé no era vivir por mí, sino por ti. Eras el centro de mi vida, no quería perderte, no tenía a nadie más que a ti, ni siquiera un sueldo con el que sobrevivir, sin gente que me apoyase, me habías aislado del mundo e incluso de mi misma, para que solo pensase en ti, en nada más. Me sentía sola, porque tú jamás me apoyaste, no eras compañía. Eso es el miedo que sentí.

Esto no fue el límite del maltrato que sufrí, no, tus ordenes se convirtieron en gritos. Más hacia por ti, menos te gustaba, todo eran quejas, me empujabas, me tirabas objetos, tus gritos retumbaban en mi cabeza, mientras mis lágrimas corrían por mis mejillas, pensaba-¿Qué he hecho para merecer esto?- En aquel momento no lo sabía, ahora sí, había permitido que te apropiases de mi vida, invadiendo mi camino, poniéndome miles de obstáculos que yo sola no podía atravesar, quedándome anclada en un punto fijo, cayendo lentamente, sin una persona que me tendiese su mano, sin fuerzas para vivir, luchando cada día por algo sin sentido, porque si en la vida no se tienen metas ni objetivos, ¿para qué sirve?, si todo el mundo en la Tierra intentase hacer algo productivo para mejorarlo viviríamos en un mundo mejor, pero desgraciadamente existen personas como tú, egoístas, sin una sola gota de empatía y sin sentimientos, aunque, si todas las personas tienen sentimientos, si no pueden vivir solas en este mundo, si antes o después tienen que pensar en los demás, ¿por qué no recapacitáis antes de que sea tarde?, porque lo que no sabéis, es que vosotros, esas personas que ponen todo a su favor, consiguen que todo acabe poniéndose en su contra, lo sé, lo que sucedió fue que te dejaste llevar por el miedo, el miedo a las consecuencias del daño que me causaste, aquellos que van de fuertes son los verdaderos cobardes, porque de nada sirvieron mis lágrimas, mi dolor, ese miedo a sentir lo que no sentía, miedo a vivir sin estar viviendo, miedo a luchar sin estar luchando, miedo a perderte sin tener a nadie…

No me di cuenta que yo soy la única dueña de mi vida, que debía de tomar las riendas y mirar al frente, y no ser lo que fui, una espectadora de ella.

Esta situación se prolongó más de lo que debería haber permitido, en ese momento era incapaz de salir de ese pozo oscuro por el que ni siquiera veía la luz del final, yo no fui la que detuve mi infierno, fueron mis vecinos, las personas que tuvieron la valentía de llamar a la policía, ponerte una denuncia y devolverme mi vida. El parte médico fue mi única arma en el juicio, tu negabas todo lo que decíamos mis testigos y yo. Mis amigas, las cuales después de todo me tendieron sus manos, me levantaron de esa gran caída y son ellas las que me acompañaron y me acompañan en mi nuevo camino.

Ahora sé lo que es amor, aceptar a tu pareja, respetarla siempre y ser un compañero en la vida que complemente ese largo camino. Amor no es gritar al viento por libertad, ni pretender que el tiempo te haga olvidar, y así poder alcanzar la felicidad, porque la felicidad es una conquista diaria.

Después de que pasara la tormenta, sucedió lo que tenía que suceder, que tu acabaste en la cárcel y yo tomé el largo camino de olvidar lo sucedido y vivir de nuevo, siendo quien todas las personas que me querían, deseaban que fuera, YO MISMA.
Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida, hacerte perder tiempo,buen humor,apetito, y todo esto sin malicia,sin remordimientos y sin razón. Estupidamente

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Re: Cartas a un maltratador
« Respuesta #2 en: Diciembre 20, 2010, 16:11:16 pm »
PRIMERA MODALIDAD: ALUMNADO INSTITUTO

PRIMER PREMIO: AMANDA OLALLA JIMENEZ RAMIREZ.

Carta a un maltratador.

Hola, papá:

Sé que hace ya más de diez años que ni te escribo, ni te veo. Pero aún recuerdo la última vez que te vi.
Yo estaba en el portal de casa, a punto de llamar al timbre, cuando te vi. Bajabas aceleradamente las escaleras, abriste la puerta, saliste corriendo, te paré y te dije: Papá ¿a dónde vas? ¿Por qué corres? No me respondiste, solo me dijiste: lo siento hija. No entendía nada, normal, sólo tenía catorce años. Subí a casa, papá, la puerta estaba abierta, entré, llamé a mamá, pero no me contestó. Eran las doce de la noche, tal vez ella estaba durmiendo, pensé. Estaba cansada y me acosté. Nunca hubiese imaginado aquella noche, que mi madre, papá, tu mujer, aquella que un día me dio la vida, ella, ella…
Me levanté a eso de las once. Normalmente mi madre me habría levantado antes, aunque fuese domingo. Me empezaba a preocupar. Entré en su habitación, tu habitación, por la noche ni se me ocurrió. Abrí la puerta diciendo: mamá, ayer llegué un poco más tarde, como estabas acos… Mis palabras no terminaron, tenía catorce años, demasiado niña para comprender lo que estaba observando. Su cuerpo, sin vida, sin calor, frío, quieto, teñido de rojo, ella, mi madre, muerta. El mundo se me vino encima. Cerré la puerta, no quería ver eso, papá, ¡no quería! Comprendí tu huida.
Corrí a la puerta, la abrí, toqué en la puerta vecina, llorando, sin habla… Me abrió Alberto, le cogí del brazo sin darle tiempo a hablar. Lo llevé a casa, abrí de nuevo esa puerta de dolor, esta vez, ni fuerzas tuve de asomarme, le hice entrar. Él, sin decir nada, salió corriendo, me llevó con él. A los diez minutos, no lo sé, perdí la noción del tiempo, llegó la policía, me hicieron muchas preguntas, recuerdo dos preguntas, dos:
  - ¿Recibía maltrato por parte de tu padre? A la que respondí:
  - Últimamente habían tenido varias discusiones, pero mamá siempre me decía que me fuera a la calle.
La otra:
  - ¿Crees qué ha podido ser tu padre? Nunca quise responder a esta pregunta, jamás. Pero papá, era mi madre, tuve, tenía que responder y respondí:
  - Sí, salió corriendo anoche de mi casa.
¿Por qué no te paré? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué papá?
No te puedo engañar en ese momento deseé lo peor para ti. Les dije que te atraparan, que nunca te soltaran.
A los dos días saliste por televisión, estaba con la tía Andrea, me tapó los ojos y me dijo: tú ya no eres nada de ese hombre, la justicia lo encerrará.

Hoy, hace ya diez años, siete meses y quince días de ese veinticinco de noviembre de dos mil, cuando tú le quitaste el respirar a mamá, pero no te escribo para hablar de eso, papá. Se que has salido en libertad. Te necesito.
Eres tú el único que me puede ayudar. Me he casado hace tan solo cinco meses, esto no esta funcionando. Te lo cuento a ti, porque no tengo a nadie. Papá, cuando él llega a casa, no me dice ‘hola cariño’ me grita, ‘hola zorra ’. No me deja salir de casa, me tiene encerrada, dice que mi única tarea es fregar. Hace unos tres meses le dije que estaba embarazada y me abofeteó, me pateó y me dijo que ese niño jamás nacería, que lo matase yo o lo mataba él. El otro día, llegó a las tres de la mañana borracho, me cogió, me besó, me suponía que haría de mi lo que el quisiera, como ya era costumbre. Yo intenté defenderme, le di con la rodilla en la barriga, intenté salir a correr, pero me cogió y ahora sí, no pude oponerme, me hizo suya, a su manera. Papá, yo le quiero, y él siempre me pide perdón por lo que hace, pero… Tengo miedo de que un día me coja, me encierre en la habitación, me ponga una bolsa en la cara para ocultar mi rostro, me golpee una vez y otra hasta dejarme sin conocimiento, luego se dirija hacia la cocina, coja el cuchillo más grande que encuentre, regrese a la habitación yo aún sin conocimiento. Mi corazón late todavía, el de mi bebé también ya latía, ahora lo hacen aceleradamente por el miedo. De pronto, sin esperarlo, late despacio, un sobresalto, un pinchazo, una herida, una apuñalada, mi corazón se para. No le basta una, es verdad, en mi cuerpo hay dos corazones latiendo, otra apuñalada. Yo ya no estoy, mi hijo tampoco, pero, no le basta, ahora me reparte tres apuñaladas, rápidas, con crueldad, fuerza y odio. No le es suficiente, sus manos se apoyan en mi cuello, frágil, poco a poco suelta su fuerza en mí, me quería, papá. No sé por qué, pero… cada vez que pienso en como moriré, pienso en como tú… En como mamá murió. Papá sé que la querías y si algo tuyo queda en mí, si te sientes aún culpable por lo que hiciste, ayúdame, yo no tengo valor.
Me ha amenazado varias veces ya, tengo miedo, mucho miedo. Mi vientre se empieza a hinchar, se empieza a notar, temo también por la vida de este ser que me engendra, tu nieto, siento que si se da cuenta de que aún sigue dentro de mí, le quite la vida y la mía con la suya. Ayer, me dijo que me quería, que yo soy su vida, mientras me pegaba, mis lagrimas cayeron sin control, al ver que lloraba me pego en la cara, me reventó la nariz, sangraba sin parar, me cogió la cabeza y junto su frente con la mía y me dijo: mañana saldrás a hacer la compra, yo no puedo ir, cúbrete con maquillaje los golpes, si la gente se entera de algo, te mato. Me golpeó con su frente y me tiró al suelo.
Papá, estoy sufriendo el mismo dolor dos veces desde dos sitios diferentes, lo vi y lo estoy viviendo, tú mi padre maltratador de mi madre, él, mi marido, mi amor, es ahora mi maltratador.
Hoy, te escribo a ti papá, porque quiero huir, sabes tú mejor que nadie lo que es este mundo del maltrato, por eso, he recurrido a ti, por este nieto, por este cabrón que no me deja vivir. Sé que tú has aprendido, pero no creas que te perdono. Papá, le quitaste la vida a mi madre, pero si realmente has cambiado salvarás la mía, ¿verdad?
Papá, espero que vengas, te necesito, te necesitamos.
Quiero huir de esto, quiero salir de aquí, quiero volver a nacer.
Te tengo que dejar he escuchado la puerta, mi marido ha llegado. Mi tormento, mi miedo, mi maltratador ha vuelto.

                                                                       
Adiós, un beso, tu hija Carolina, de nombre como tu mujer, tu víctima, mi madre, tu amor en aquel tiempo, tu tormento ahora gracias a tu rabia, impotencia y celos, su muerte. Haz que eso que te pasó a ti, no pase con otros hombres. Reflexiona sobre tus hechos y consigue, papá, que la violencia de género se acabe, porque ahora soy yo, tu hija la que esta sumida ahora en el maltrato
Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida, hacerte perder tiempo,buen humor,apetito, y todo esto sin malicia,sin remordimientos y sin razón. Estupidamente