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¿ESTÁ RAFAEL NADAL LLAMADO A CONVERTIRSE EN EL MEJOR JUGADOR DE LA HISTORIA?

Si, por supuesto
2 (66.7%)
No, está muy lejos de Federer
0 (0%)
Es posible
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Autor Tema: ¿ESTÁ RAFAEL NADAL LLAMADO A CONVERTIRSE EN EL MEJOR JUGADOR DE LA HISTORIA?  (Leído 1020 veces)

Desconectado john_andy

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¡Qué increíblemente afortunados somos los apasionados del tenis por vivir en esta época! Nunca en la historia de este deporte se había planteado semejante cuestión con tanta frecuencia, y jamás teniendo en mente la trayectoria de dos jugadores distintos. El hecho de que Roger Federer y Rafael Nadal hayan sido coetáneos durante gran parte de sus carreras es una rareza, un privilegio y un milagro que tan sólo el tiempo conseguirá sopesar adecuadamente.

Junio del 2009. Calor y tensión en el aire. Polvo de ladrillo en las pestañas. La garganta atenazada y el puño asfixiando la raqueta. Roger Federer tiene bola de partido, y tras un grito desquiciado, se desploma sobre la tierra incandescente de París, y se aúpa a la uña más afilada del monte Olimpo. Ha nacido una leyenda. Diez años habían pasado desde que el último Dios corpóreo, Andre Agassi, obrara el milagro del Grand Slam esquivo. Y los rumores deambularon de esquina a portal, de balcón a calleja. Ya ha llegado. Se ha hecho carne. El mejor de todos los tiempos puede estar entre nosotros.

Y envilecidos aún por la fiebre, apenas quince meses después, el universo tenístico vuelve a contener el aliento, y Rafael Nadal fragua a golpe de orfebre el ciño ancho de sus anchas espaldas. ¡Y de qué manera! Cuántas décadas no han pasado desde la última vez que un mismo jugador poseyera las tres últimas coronas de Grand Slam en un mismo año. Dominante sobre cemento. Efectivo y letal en la hierba. Inconmensurable sobra tierra batida. Y con sólo veinticuatro primaveras.

De los últimos veintidós torneos de Grand Slam, sólo tres han ido a parar a manos de alguien que no fuera Rafael Nadal o Roger Federer. La cuestión, por tanto, no es baladí. Y la pregunta es bastante clara: ¿hasta qué punto habrían dominado Rafael Nadal o Roger Federer el circuito de no haber existido el otro?

Si Rafael Nadal no hubiera surgido como una fuerza brutal e incorregible a principios del 2005, Roger Federer no sólo habría pulverizado todos los records que, igualmente, ha pulverizado, sino que probablemente se habría marchado con más de veinticinco títulos grandes en sus alforjas, y una hegemonía insultante y casi aburrida sobre el circuito.

Si Roger Federer no hubiera contenido a golpe de clase y maestría la rebeldía de un joven Nadal, sus ansias reformistas no habrían encontrado sazón, y se perfilaría ahora mismo como uno de los mejores deportistas de todos los tiempos.

Pero cada uno ha cercado los vuelos del otro, y gracias a esa rivalidad sin precedentes, un belicismo amistoso y a veces cándido, sus armas han sido afiladas, sus estandartes enarboladas con más presteza, y sus ofensivas más incisivas. La grandeza del uno ha sido subrayada por la brillantez del otro.

Sin embargo, un nuevo alba clarea sobre el horizonte, y viene cargado de preguntas. Federer se encamina, lamentablemente, a los últimos capítulos de su carrera. En mi opinión, aún quedan un par de grandes en él, pero el bocado férreo con el que otrora subyugara al circuito ha venido debilitándose en los últimos días. Aún muerde, y aún araña, pero ya no es tan hábil en la caza.

Y con esta cantinela de gatos cansados, Nadal podría encabezar la manada. Recursos no le faltan. Posee una estabilidad psicológica abrumadora, impropia de alguien de su edad. Un juego sin parches, bronco y protuberante. Una velocidad endemoniada. Y un físico hercúleo.

¿Podrá, por fin, dominar el circuito?

Cuando las piezas de su juego están ordenadas, es superior a cualquiera de sus consortes. Djokovic, Del Potro, Murray, Berdych, Soderlin, Verdasco...son excelentes jugadores, brillantes e irrepetibles, pero a un fino Nadal le van siempre a la zaga. Rafael posee la humildad de los iluminados, y acepta de buen grado retos y encrucijadas. Ha hecho de sus debilidades un compromiso, y las armas siempre hirientes son ahora certeras y mortales. Hierba, cemento, moqueta, cada vez es más efectivo, cada vez más avanzado. No le van a quedar rescoldos que apagar.

Pero tiene un punto débil, a mi entender. Y no es otro que su propio cuerpo.

A diferencia de Federer, suelto y casi etéreo, Nadal requiere de cada músculo, es exigente con tendones y articulaciones, vive de sus tejidos. Su juego rocoso es inofensivo cuando las tuercas se le oxidan, y están llamadas a oxidarse. Las abdominales, la rodilla derecha, el hombro, ambos tobillos...el grado de tensión al que son sometidos, golpe tras golpe, es insufrible. Y Nadal es demasiado generoso en su efusividad física.

Quizá en su cuerpo habite el más apto de sus rivales. El más frágil de sus eslabones es el que decidirá a qué altura acaba su nombre en la historia.

Sea como fuere, Rafael Nadal es un maestro imberbe y un prodigio precoz, y debemos disfrutar de su genio ahora que brilla tan rutilante.

Si la vieja guardia aguanta, y los infantes aprietan, la brutalidad de la batalla no concederá consuelo, y nosotros, simples testigos, hemos de ser los más afortunados del conflicto.

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